Misionero cercano a las personas
En 1627, cuando la peste golpea la región de Argentan, Juan Eudes se une a los enfermos privados de ayuda espiritual. Su misión comienza con esta presencia valiente ante personas probadas. Durante cincuenta años, recorrió luego las parroquias para anunciar el Evangelio y despertar la gracia del bautismo.
Su ejemplo nos invita a cruzar las distancias que nos separan de los demás: escuchar un sufrimiento, visitar a una persona aislada, ofrecer una palabra que rinda cuentas. La fe se convierte en misión cuando toma el rostro de una presencia fraterna.
Un instructor al servicio de la misión
Durante las misiones, Jean Eudes comprende que la renovación de las comunidades debe poder durar después de la partida de los predicadores. Reúne sacerdotes, trabaja en su formación y funda, el 25 de marzo de 1643, la Congregación de Jesús y María, con un primer seminario en Caen.
Formar pastores supone conocimientos sólidos, una vida de oración y un corazón atento a las personas. Su intuición sigue siendo fecunda: aprender juntos, apoyar las vocaciones y unir las fuerzas de los sacerdotes y de los laicos para que el Evangelio dé frutos duraderos.
Un apóstol de los Corazónes de Jesús y María
Para Juan Eudes, el corazón expresa el amor que anima toda una vida. En 1648, celebra en Autun una fiesta litúrgica del Corazón de María; en 1672, las comunidades eudistas celebran la del Corazón de Jesús. Oración, escritura y liturgia dan así voz a su contemplación del amor de Dios.
Esta espiritualidad nos llama a recuperar la inteligencia y a dejar que Cristo transforme nuestra manera de amar. Con María, acoger su presencia abre un camino de confianza, de misericordia y de devoción a las personas a las que encontramos.
Un maestro espiritual para la vida cotidiana
Publicado en 1637, La Vida y el Reino de Jesús en las almas cristianas Juan Eudes invita a los bautizados a dejar que Jesús viva y actúe en ellos. Esta unión compromete toda la existencia: la oración, las relaciones, el trabajo y el servicio.
La misericordia toma también una forma concreta con la fundación de Nuestra Señora de Caridad en 1641. A su continuación, podemos releer nuestro día a la luz del Evangelio: ¿a quién hemos escuchado, levantado, amado? Cada gesto de bondad puede convertirse en una manera de hacer vivir a Jesús en nuestros corazones.